viernes, 20 de noviembre de 2015

Palabras para la Promo 55

EL ACTO DE GRADO de la promoción 55 de Periodismo y Publicidad de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB fue ayer, 19 de noviembre. Este servidor tuvo la inmensa honra de apadrinar una nueva cohorte de periodistas y de dirigir unas palabras en el acto, que ahora publico para que quede constancia. Tengo mucho que agradecerle a Dios y a mucha gente, por este momento, quien sabe por qué, simplemente, mande un abrazo mental. Chicos de la 55, para ustedes fue este discurso. Chicos de la 57, a prepararnos!

Queridos colegas comunicadores sociales, periodistas y publicistas:

Hoy es el día de celebrar un logro: el final de un largo ciclo y el comienzo de otro, aun más grande, que alcanzará hasta donde los lleve la vida. A partir de esta, su graduación, somos colegas en el modo de profesar, ustedes como profesionales y yo, también, como profesor, como uno de ustedes que volvió su rostro para ver en los suyos el milagroso despertar de la conciencia.

Ya ustedes saben, porque les he dicho largamente, que en nuestra condición de intelectuales públicos, somos constructores de sentido común y por ende, constructores de democracia, entendida esta a la manera como la entendía Hannah Arendt, como gobierno del sentido común. Saben además que nuestro oficio asume como propios los compromisos de la modernidad porque contribuyó a gestarla, tanto con el periodismo creador de polis, como con la publicidad, vital para el ejercicio económico. Intuyen que en nuestro imaginario cohabitan el detective y el espía con el psicólogo, el antropólogo, el controlador de tráfico aéreo y el traductor simultáneo; que vivimos para buscarle las cinco patas al gato y se las encontramos, por eso no hay poder, ni de Estado ni fáctico, ni aquí ni en ninguna otra parte, que esté dispuesto a tolerarnos si no nos sometemos a sus dictados. Y ocurre como con algunas especies, que no somos domesticables del todo. (Y aquí cabe una nota mental: falta saber qué clase de animal será cada quien, y quiera Dios que entre nosotros no abunden los lobos con piel de cordero)

Ahora nos toca saber, cómo construir sentido común en tiempos de guerra.
Hace poco más de un mes, el padre rector en su lectio brevis de este año académico caracterizó en forma elocuente eso que Francisco, el papa, llama “una tercera guerra mundial por etapas”, que ahora, a partir de los ataques a París, adquiere forma de acontecimiento y al hacerlo oscurece los conflictos de casi toda África, los duelos cotidianos con el narcotráfico y la corrupción en toda la región latinoamericana, que quedarán enmarcados en la cruel dinámica de la polarización “en la cual, dice Virtuoso, “las opciones intermedias quedan descartadas y son denunciadas por cada bando, acusadas de ser formas encubiertas del bando contrario”.
El rector señala, además, nuestro caso en estos términos (cito)

Lamentablemente Venezuela no escapa de la lógica de la violencia que caracteriza al mundo de hoy. Vivimos una guerra sin cuartel que se libra día a día en nuestra cotidianidad. El número de muertes que la violencia social y policial genera anualmente en el país se compara fácilmente con el saldo que dejan los más significativos conflictos bélicos del mundo. En Venezuela, desgraciadamente la vida no vale nada. Vivimos igualmente una guerra ideológica sin sentido, impuesta por quienes detentan el poder político. Una minoría intenta imponer un modelo de sociedad que más del 80% de los venezolanos rechazamos. Vivimos una guerra contra los más elementales principios de la convivencia democrática. Las consecuencias están la vista: inflación, desabastecimiento, hambre, la migración de nuestros mejores recursos, incertidumbre. Una guerra en donde la razón de la fuerza es sólo el sostén de este desorden nacional. Somos víctimas de la incapacidad de los organismos internacionales para hacer valer sus propios veredictos sobre la realidad que vivimos, somos un pueblo que sufre el diletantismo de la comunidad internacional sobre el carácter absoluto de los principios democráticos y de la dignidad humana representada en la exigibilidad de los derechos humanos (fin de la cita)


Ahora, la guerra de adentro y la de afuera ocultan su rostro tras el de Sven Alejandro Silva, venezolano, fallecido en Paris, en el ataque terrorista del Estado Islámico al teatro Le Bataclan.  Sven era de San Antonio de los Altos, seguramente lo vi crecer en el pueblo. Me solidarizo plenamente con el dolor de sus padres, pero lo muestro en esta hora de celebración, para que entendamos por qué necesitamos reconstruir el sentido común, si es que queremos que prevalezca la vida.

No será fácil ni será labor de un día, puede ser la obra de toda una vida, pero yo les aseguro que vale la pena, pues para que prevalezca la vida, hay que construirle un futuro. De cara a ese futuro resuenan las palabras del Papa Francisco en su encuentro con la juventud durante su viaje apostólico a Cuba. Decía el Papa (y cito): 

Los jóvenes son la esperanza de un pueblo, eso lo oímos en todos lados, pero ¿Qué es la esperanza? ¿Es ser optimista? ¡No! Optimismo es un estado de ánimo. Mañana te levantas con dolor de hígado y no eres optimista, ves todo negro. O sea, la esperanza es algo más, la esperanza es sufrida, la esperanza sabe sufrir para llevar adelante un proyecto, sabe sacrificarse ¿Tú eres capaz de sacrificarte por un futuro? ¿O solamente quieres vivir el presente y que se arreglen los que vengan? (Fin de la cita)

Hoy ustedes representan a la comunicación social venezolana, vista desde el periodismo y la publicidad. De ambos espero yo grandes cosas. Del periodismo espero que tenga sabiduría y coraje para que logre refundarse más allá de esta crisis, como espero que el país salga de este atolladero histórico. Espero que las apuestas por el periodismo de investigación en formato digital se consoliden y prosperen y animen a cambiar a aquellos sectores que aun sopesan los costos y los beneficios de preservar un statu quo. Espero que el periodismo ayude a construir una cultura de participación y de deliberación pública, divulgando buenas prácticas y denunciando las deplorables, incluso si estas vienen del medio donde se trabaja. Espero que el periodismo acompañe la formación de los nuevos liderazgos y de las nuevas organizaciones políticas que sustituirán a todo este orden. Y espero de ustedes, queridos colegas, que hagan lo que esté a su alcance para hacer gremio, para reconstruir nuestra comunidad profesional de constructores de sentido común, para fortalecer las sociedades intermedias y restablecer las autonomías democráticas.

Y en esa misma línea espero de la publicidad mucho más que su mero aggiornamiento: que haga buena comprensión de la premisa numero uno del Manifiesto Cluetrain de que “los mercados son conversaciones” y por tanto, se miden por la escala humana. Que apoye con su experiencia y técnicas a los nuevos emprendimientos digitales, a la economía del conocimiento, a la inteligencia colectiva y a su capacidad de transformar la vida tanto pública como privada. Que promueva el cambio civilizatorio que apunta Francisco en su encíclica Laudato Si’ contribuyendo a desterrar la cultura del desecho, a reconciliarnos con la naturaleza y a comprender que el sentido común es un bien común, que se gana cuando la vida de cada quien dialoga desde su sentido propio.

Y porque tanto espero, ruego al buen Dios nos conceda vida en abundancia, para ver cómo florecen las conciencias que ahora se abren para este largo viaje, tan bien descrito por Constantino Kavafis en su memorable poema, ÍTACA, con cuya lectura yo los dejo:

CUANDO EMPRENDAS EL VIAJE HACIA ÍTACA, ruega que sea largo el camino, lleno de aventuras lleno de experiencias. A los Lestrigones, a los Cíclopes o al fiero Poseidón, nunca temas. No encontrarás tales seres en el camino si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita la emoción que te toca el espíritu y el cuerpo. Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes, ni al fiero Poseidón has de encontrar, si no los llevas dentro de tu corazón, si no los pone ante ti tu corazón. 

Ruega que sea largo el camino. Que muchas sean las mañanas de verano en que —¡con qué placer, con qué alegría!— entres en puertos antes nunca vistos. Detente en los mercados fenicios para comprar finas mercancías, madreperla y coral, ámbar y ébano y voluptuosos perfumes de todo tipo, tantos perfumes voluptuosos como puedas. Ve a muchas ciudades egipcias para que aprendas y aprendas de los sabios.

Siempre en la mente has de tener a ÍTACA. Llegar allá es tu destino. Pero no apresures el viaje. Es mejor que dure muchos años y que ya viejo llegues a la isla, rico de todo lo que hayas ganado en el camino, sin esperar que Ítaca te dé riquezas.

ÍTACA te ha dado el bello viaje. Sin ella no habrías emprendido el camino. No tiene otras cosas que darte ya. Y si la encuentras pobre, ÍTACA no te ha engañado. Sabio como te has vuelto, con tantas experiencias, habrás comprendido lo que significan las Ítacas.

Que Dios los bendiga.

sábado, 27 de junio de 2015

En el día del periodista, a mis alumnos y colegas

Aquí, con la franela e la campaña del Ipys, impertinente (impenitente)
NO QUERÍA QUE terminara este 27 de junio, día del periodista, sin dedicar unas palabras a mis colegas, y a mis ahijados de la Promo 55 de periodismo de la UCAB, que más pronto que tarde, también lo serán.

Hoy ha sido un día de grandes palabras, de épicas invocaciones, de buenos propósitos y de aliento para nuestro gremio. A la monserga y a la cursilería las perdonaremos porque son cuestión de estilo, y porque algo de verdad, ambas encierran. Pero aquí entre nos, no la tenemos fácil. Nunca como ahora en este país había sido tan difícil contar, decir, con toda la propiedad del verbo; nunca como ahora había sido más necesario dar a conocer y nunca como ahora había sido tan vital reinventar el periodismo, tanto como reconstruir el país.

Ya ustedes saben, porque yo se los he dicho largamente, que en nuestra condición de intelectuales públicos, somos constructores de sentido común (nota mental: hacer caso omiso de la frase de Oscar Wilde de que el sentido común es el menos común de los sentidos, el irlandés era un estupendo ironista y la legalización del matrimonio gay en la puritana “colonia” americana debe haberlo reivindicado en su memoria y en su genialidad); que nuestro oficio asume como propios los compromisos de la modernidad porque contribuyó a gestarla, tanto en los diarios de opinión de los tories de la república puritana inglesa, como  en los pasquines de la Francia jacobina, o en los digestos de la guerra de independencia, en donde habremos de incluir al Correo del Orinoco (segunda nota mental: cuando nos toque reinventar el periodismo, ¿podríamos mudar la fecha, para desligarla del fetichismo bolivariano? Gracias, que Dios y la patria os lo premien…); y que por tanto, no hay oficio más político que este. Que en nuestro imaginario cohabitan el detective y el espía con el psicólogo, el antropólogo, el controlador de tráfico aéreo y el traductor simultáneo; que vivimos para buscarle las cinco patas al gato (tercera nota mental: ¡Cómo José Vicente Rangel desperdició en los ‘90 un título tan bueno para una columna, como ese!) y se las encontramos, por eso no hay poder, ni de Estado ni fáctico, ni aquí ni en ninguna otra parte, que esté dispuesto a tolerarnos si no nos sometemos a sus dictados. Y ocurre como con algunas especies, que no somos domesticables del todo.

Yo espero grandes cosas del periodismo venezolano. Espero que tenga sabiduría y coraje para que logre refundarse más allá de esta crisis, como espero que el país salga de este atolladero histórico. Espero que las apuestas por el periodismo de investigación en formato digital se consoliden y prosperen y animen a cambiar a aquellos sectores que aun sopesan los costos y los beneficios de preservar un statu quo. Espero que el periodismo ayude a construir una cultura de participación y de deliberación pública, divulgando buenas prácticas y denunciando las deplorables. Espero que el periodismo acompañe la formación de los nuevos liderazgos y de las nuevas organizaciones políticas que sustituirán a todo este orden, como hoy lo denuncian sometiéndose a la censura, al irrespeto, al escarnio, cuando no a la infamante pena del extrañamiento, que no otra cosa es esta diáspora: el destierro, disimulado, pero no por ello menos cruel… (Cuarta nota mental: Elizabeth Fuentes debe haberse vuelto loca, si ella se declaraba huérfana de hijos cuando se fueron al exterior como parte de la diáspora, ejerciendo su derecho a decir, cómo se le ocurre proponer la autocensura en beneficio de un bando, así sea el propio. Se sabe que “las opiniones son como los traseros: todo el mundo tiene uno”, pero, ¿cómo acepta uno algo así?)  Y espero de ustedes, queridos alumnos, próximos colegas, que hagan lo que esté a su alcance para hacer gremio, para reconstruir nuestra comunidad profesional, para fortalecer las sociedades intermedias y reestablecer las autonomías democráticas.

Y finalmente, en respuesta a la pregunta de si hay algo que celebrar hoy, día del periodista, dado el estado lamentable en nos encontramos,  pues yo diría que celebro mi decisión de vida, el encontrar una vocación y el haber conocido a gente amiga, tan entrañable, en las redacciones y en las aulas. Celebro que hay futuro para este oficio y lo seguirá habiendo mientras haya gente dispuesta a asumir sus compromisos, y en lo que a mi concierne, de eso, doy fe de padrino.
Con mi abrazo cariñoso,

Cardelf

viernes, 6 de febrero de 2015

Viva Zapata


Pedro León Zapata  (1929-2015) Foto tomada de http://yoyopress.com)
HACE VEINTE AÑOS (1995), por esta fecha, comenzaba yo como coordinador de las páginas culturales de El Universal; Sofía me había contratado guiada por una entrevista de trabajo y como era de esperarse, estaba en período de prueba. Una de las primeras entrevistas que hice en ese espacio era, justamente, a Pedro León Zapata, por los 30 años de su caricatura diaria, los zapatazos de El Nacional; no fue una gran entrevista, de hecho sé que pude haberlo aprovechado más (eso me hizo saber la exigente Sofía), pero a partir de allí comenzó una relación, que no dudo en considerar, era amistad.

Las páginas no estaban en la redacción de El Universal, sino en una oficina cerca del Museo, de allí que estábamos próximos a este. Zapata dictaba talleres, daba visitas guiadas y desarrollaba proyectos en el Museo, aun en plenitud de sus capacidades creativas.

Ese mismo año, pero en diciembre, Venezuela fue el país invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y de aquí viajó una delegación. Yo fui a cubrir. Nos alojaron en el Hotel de Mendoza, un antiguo convento cerca del Teatro degollado, en el casco histórico. Una mañana después del desayuno, Zapata nos invitó a acompañarlo al Hospicio Cabañas, a ver los frescos que José Clemente Orozco, el célebre muralista, había pintado entre 1937 y 1939. Zapata, quien había estudiado en México con David AlfaroSiqueiros, conocía bien esta obra, y la explicó con maestría. Mientras lo escuchaba descubrí, para mí mismo, algo en lo cual quizás haya coincidencia con la opinión de algún crítico: que el estilo pictórico de Zapata, pero principalmente sus dibujos, son una síntesis personal del muralismo y del expresionismo que hay en él, con el cual, el artista se construyó un discurso plástico hecho por y para la civilidad venezolana: para combinar ironía y sentido común.

Aquella vez comprendí que la simpatía que Zapata me producía era movida por una mezcla de genialidad y bondad que me lo presentaban como un intelectual público que apostaba en su expresión artística –bien como pintor, como caricaturista o como humorista- a desarrollar una pedagogía cívica hecha desde el goce estético. Claro, a esta idea no llegué de inmediato, pero ese día me dije “Zapata es un genio” y pasé a formar parte del bando de sus admiradores.

Hoy me dolió su muerte.

Hoy sentí que el pasado se nos está borrando, y que el futuro se nos pone cada día más lejano de este presente donde las horas no son oportunas, sino que se pierden, una tras otra, alineadas en las colas, las prohibidas colas.

Hoy reparé en que se me han muerto amigos y maestros, personas de las cuales fui devoto y gente a quien admiré.

Hoy sentí que entre los que se han muerto, los que se han ido y los que simplemente no están, nos estamos quedando solos en una soledad de espaldas, en un país de miedo.

Hoy sentí angustia por los más jóvenes. Hoy comprendí plenamente a los padres que prefieren voluntariamente estar huérfanos de sus hijos, confiados en que ellos están más cerca del futuro y por tanto, pueden llegar más rápido a él, dondequiera que esté.

La ida de Zapata me puso frente a frente con las cosas que creo y por las que hago lo que hago. Y me regresó a una idea que expuse comenzando el año, a mis alumnos: “yo creo que vamos a tener una gran año, porque no tengo ninguna razón para creerlo; si tuviera una lo sabría, no lo creería, porque la fe no es más que un ejercicio de la voluntad, un me-da-la-gana sistemático”.

Siempre he pensado que ser optimista es mucho más difícil que ser pesimista, porque al segundo siempre lo asiste la razón. Y ojo: ser optimista no significa ser conformista, son dos cosas muy distintas.
Y es muy posible que el problema de las cosas que no vemos sea que intentamos verlas desde lo que sabemos. Por eso, porque quiero saber, tengo curiosidad por las cosas nuevas y trato de mantenerme en permanente apertura, negado a avanzar hacia el futuro viendo por el espejo retrovisor, tratando de no contagiarme de ninguna nostalgia.

Pero a Zapata lo voy a extrañar, por lo menos hasta que pueda verlo nuevamente, refundido en el talento de aquellos que puedan heredarlo, en aquellos que comprendan su legado.


Viva  Zapata!

@cardelf

viernes, 30 de enero de 2015

Olga


Olga Dragnic. Tomada del blog de John Lindarte
CORRÍA EL AÑO MAYOR de 1989. El 27 de febrero, hubo una batalla campal en Puerta Tamanaco (Plaza Venezuela) que inicio a las 5 pm y no terminó sino hasta pasadas las 8. Justo antes de comenzar, me encontré con Olga camino a una clase que nunca se dio: nadie pudo entrar, nadie pudo salir. Era el corolario de un día muy bizarro, que hundió sus secuelas en el futuro y del que ya hacen 25 años.

Yo hacía pasantías en la Dirección de Comunicaciones de la Universidad. Apenas sabía hacer lo básico: unas noticias y unas reseñas que Olga me había enseñado a componer el semestre anterior, y que me costaron muchísimo, porque no entendía en razón de qué había que hacer economía de la información, ahorrarse adjetivos y escribir del modo más sencillo posible. “Esta técnica es un zapato chino” me decía, “es para aprender y luego olvidar”, no fue sino después que descubrí que los reporteros de radio la tienen como estructura mental para organizar la información, cuando descubrí algo que siempre le digo a mis muchachos: el periodismo no es una forma de escribir, es una forma de pensar.

Olga nos ponía a reflexionar, siempre, sobre la incidencia de nuestro oficio en la construcción de la sociedad. Unía –crítica mediante- los saberes heredados de la escuela de Chicago (Frazer Bond, Berelson, et allia), con los enfoques de la teoría crítica o el marxismo crítico. Con ella leí a Althusser, a Luckacs,  y a otros pensadores del entonces segundo mundo. Con ella aprendí que el periodista es un intelectual público y que no hay oficio más político que este.

Con Olga siempre tuve debate intelectual. Exigente, crítica, pero a la vez canónica, clásica, fueron buenas las conversas sobre postestructuralismo, postmodernidad, filosofía, ética y estética, entre otros muchos temas, que me nutrieron y contribuyeron a que yo aprendiera a conocer por la diferencia, saber que nace de una vocación: la de construir sentido común, que es, lo digo siempre a mis alumnos, a lo que nos dedicamos.

Olga había cubierto cultura y había conocido a Sofía Imber, la respetaba aun a  pesar de sus diferencias ideológicas. Comunista convicta y confesa, viuda de Federico Álvarez, puedo dar fe de que se mantuvo siempre amiga de sus amigos, aun a pesar de la división política en el país. De hecho, fueron Olga y Federico quienes mejor me hicieron comprender que un comunista de verdad vive en una suerte de “espiritualidad atea” que resulta paradójica, pero que nos ilustra en la idea de que las ideologías son credos de la razón.

Apoyaba al proceso, mediante argumentos que pude comprender, pero no aceptar. Una vez saliendo del IPP me la conseguí, y ella comentó, con nostalgia:

-- Yo no comprendo cómo puede haber amigos nuestros, gente seria y bien formada, que apoyen esto (se refería a la oposición)
-- Eso mismo –dije- nos preguntamos nosotros, de ti (me refería al proceso).

La verdad, esa fue la primera y última vez que tocamos el tema de forma tan explícita.

La última vez que la vi fue para el aniversario 35 de la revista Comunicación, cuando presentamos el libro Prácticas y Travesías de la Comunicación en América latina. Yo la invité, le dije que me encantaría verla. Y ella fue, me escuchó -no sin disgusto- leer una carta de Tulio Hernández en salutación por el aniversario, donde lanzaba algunas andanadas al régimen. Al terminar la presentación se me acercó, me dio un abrazo y me dijo “bueno, ya vine y ya me voy.” Le agradecí, de veras, pues puso a un lado sus reservas y sus diferencias y fue a celebrar un logro importante con un antiguo alumno,  ¿qué podía valer en ese instante, más que eso? Lamenté mucho no verla en las Jornadas de Periodismo Interpretativo Federico Álvarez, que hizo la Escuela de la central en julio de 2012, porque hubiera podido retribuirle su gesto, con todo el afecto y la admiración que me mereció siempre. Recién ahora me entero que formó parte del jurado que le concedió el Premio Nacional de Periodismo postmortem a Hugo Chávez... Cómo lamento este tiempo tan cruel que pone pruebas tan duras a la amistad.

Soy periodista por todo lo que aprendí de Olga Dragnic, Ella permanece en las enseñanzas que heredé y que transmito a mis alumnos, mis futuros colegas, como siempre les digo.

sábado, 12 de julio de 2014

Un mal chiste

NO SUELO USAR este espacio para manifestar mi enojo en forma personalizada: siento yo que hay demasiada palabra sin sindéresis por ahí suelta, que sumarme al coro implica restarme de otro lado, y no estoy para operaciones  básicas.
Pero acabo de ver completo el video de 1:47, con el cual el querido grillo Briceño promociona su programa de tv digital Reporte Semanal, que es donde Ramón José Medina dice la frase: "Bueno, para sacarlo de la cárcel no tenemos ningún plan, porque el único que inventó el plan para estar en la cárcel fue él mismo. Entonces él fue el que se entregó; entonces es complicado sacarlo de la cárcel, es complicado”.
Uno pudiera aceptar que eso es un mal chiste, incluso pudiera aceptar como bueno el mea culpa de Ramón José Medina, Secretario adjunto de la  MUD, si no fuera porque resulta un acto fallido, que en política son peores que descubrir a alguien mintiendo, o incurso en algún episodio de doble moral.
Un acto fallido de Medina, entiéndaseme bien, significa que en algún momento, éste se lo escuchó a alguien decir, y lo reprodujo casi que de forma automática, en un formato de talk show, con lo cual además, confundió el talk show con el sit com. ¿Es así como realmente piensa la MUD? ¿Es así como realmente piensa PJ? No lo sabemos, porque Medina se disculpó fue con la familia de Leopoldo , pero luego instó a pasar la página alegando que “hay temas más relevantes en la unidad”, con lo cual vuelve a quedar difusa la frontera entre el interés personal y el interés político: otro acto fallido.
Creo que seguir el diálogo de Leopoldo López con Fernando Mires, a través de sus cartas publicadas en Prodavinci, resulta mejor para pensar en la hora, que la hermenéutica de las emisiones de Medina, más dignas de un arúspice que de un escribidor.  A López no dejo de considerarlo un caudillo, exageradamente personalista, perforador de organizaciones y lo suficientemente voluntarista e irresponsable como para lanzar una organización por el precipicio en función de tener la mejor posición.  Primero Justicia tampoco ha ocultado nunca su vocación de poder, pero no solidarizarse con la suerte de un dirigente opositor, por muy sui generis que este sea,  es exponerse a que en otra ronda del vaivén de la política, alguien le diga como se le dijo en su oportunidad a José Albornoz, ex PPT y ahora Avanzada Progresista, cuando fue destituido de la segunda vicepresidencia de la AN en 2010: “verdugo ni chilla ni pide clemencia”.
Yo retomo la pregunta que plantee en mi artículo de El Nacional de hoy, en carta a Henri Falcón: ¿una transición con preservación del statu quo, o una transición con sustitución del statu quo? No es un dilema fácil, tampoco es un dilema que atañe solo a los jerarcas de los partidos representados ante el CNE, de allí que más allá de las discusiones internas, es necesario que haya escenarios , que haya espacios de encuentro y que haya deliberación pública entre todos los sectores, para trazar un rumbo con suficiente compromiso.
No podemos despachar la constituyente por la falacia de apelación de autoridad, como tampoco podemos despachar la transición con preservación de statu quo, en alianza del gobierno con la oposición (¿Ugalde dixit?), como tampoco podríamos desestimar el Congreso de Ciudadanos, si supiéramos a ciencia cierta de qué va.  Resultará siempre más fácil tener una posición, someterla a prueba, defenderla y ganar o perder, que construir una posición colectiva común.

Lamentablemente, Medina hace malos chistes frente a una hora muy triste: espero que el 6% de la población venezolana, lanzada a la diáspora, las familias de los muertos por la violencia se lo sepan reír a carcajadas.

jueves, 27 de febrero de 2014

"El lado correcto de la historia"

AQUÍ ESTAMOS, veinticinco años después del caracazo, otra vez contando víctimas y señalando culpables.
Aquí estamos, con ocho millones de venezolanos que no pasan del 7° grado.
Con una de las tasas de criminalidad más altas del mundo. Con más muertos que en la guerra de Bosnia, con casi tantos muertos que en la guerra civil de Siria, con tres de las ciudades más violentas del mundo.
Con una de las tasas de inflación más altas del mundo.
Con un desempleo galopante y un subempleo sometido a los designios de la burocracia mandante.
Con mafias delictivas que controlan a la población y la aterrorizan, en beneficio del gobierno.
Con precarios servicios públicos en todos los órdenes de la vida.
Con corrupción generalizada, en todos los órdenes de la administración pública.
Con la renta petrolera convertida en una ilusión, pues ¿cómo es posible que con los precios petroleros más altos de la historia tengamos esta situación de desabastecimiento, de inflación y de penuria para todos, salvo para los burócratas, los “enchufados” del régimen?
Con el país convertido en bandos, uno mandante y los otros dos excluidos, bien por oposición o bien por no haber hecho el trabajo de constituirse en bando: la mayoría silenciosa que espera el contacto, pero que no ha sido capaz de generar su propia opción.
Con la protesta criminalizada y una represión creciente, mandada por la burocracia cívico-militar.
Sujetos a la injerencia de una nación extranjera, ya no por la vía cultural, sino por la vía administrativa: con cubanos mandando en todos los órdenes de la vida del país.
Divididos como nación, en una situación general de “sálvese el que pueda”.
Alejados de las oportunidades de desarrollo en el marco de la globalización.
Sin perspectiva de futuro para todos.

En estos últimos veinticinco años hemos buscado la vía para el cambio político y social general: una rebelión social en 1989; dos golpes de estado en 1992; la renuncia de un presidente en 1993; una Constituyente en 1999; una rebelión que terminó en un golpe de estado en 2002; un paro nacional en 2003; un referéndum revocatorio en 2004; un referéndum negatorio de una amplia reforma a la constitución de 1999 en 2007, una enmienda constitucional para la reelección indefinida en 2008.
Entre 1998 y 2014  hemos tenido quince años de elecciones para diversos cargos de representación popular que han servido de principal argumento a las instancias internacionales para reconocer el gobierno venezolano como democrático y legítimo, con lo cual hemos aprendido en carne propia que puede haber democracias sin demócratas.
Cambiamos una forma de democracia, la representativa, por otra, la participativa, pero el régimen no permite otra participación que la que ellos autoricen, de entre la gente que está en el partido o en sus redes clientelares, eliminando una de las condiciones necesarias para la participación democrática que es la autonomía.
Permitimos que la burocracia tomara control del gobierno y del estado, dejando fuera de las decisiones a los ciudadanos, corporativizando la justicia.
Permitimos que la burocracia controlara y disolviera las instituciones; que estableciera un mecanismo de propaganda y otro de censura que mermaran la capacidad de acción de los ciudadanos; que convirtiera los programas de asistencia social en programas de fidelización política, transformando al ciudadano en cliente, generando nuevas formas de exclusión política.
Permitimos que la nueva burocracia siguiera haciendo el mismo populismo de siempre, pero a una escala mayor.
Permitimos que la burocracia estableciera redes continentales, para apoyarse con otras, en nombre de un socialismo que, aun siendo denominado como Socialismo del Siglo XXI, no ha sido más que un socialismo nacional de tipo burocrático, como el soviético o el cubano.
Permitimos, en suma, que el régimen atentara contra los vínculos que constituyen no la democracia, la República, que es expresión de nuestra voluntad de crecer y convivir, juntos, en un mismo país.
Frente a este estado de cosas, debemos respondernos si veinticinco años no son tiempo suficiente para alcanzar un acuerdo en torno al futuro que queremos para todos, así como las dinámicas de cambio que debemos seguir para alcanzar ese futuro

Frente a este estado de cosas, debemos respondernos si veinticinco años no son tiempo suficiente para alcanzar un acuerdo en torno al futuro que queremos para todos, así como las dinámicas de cambio que debemos seguir para alcanzar ese futuro.
Y si es que estamos de acuerdo en que este es el tiempo para alcanzar ese acuerdo, ¿cómo lo hacemos?
La primera cosa que debemos lograr es entender que quienes atentan contra la República lo han hecho en función de sus propios intereses, secuestrando los derechos de todos los ciudadanos, con lo cual han constituido una tiranía.
Una vez producido este entendimiento, los bandos excluidos deben poder dialogar para establecer acuerdos en torno a un proyecto país socialmente consensuado. Un móvil para este diálogo es la solidaridad, un espacio para significar esta solidaridad es la unidad de la República.
Esta solidaridad debe llevarnos a respetar y a restituir los espacios de autonomía, constituyendo redes de deliberación pública en torno a acuerdos programáticos, deslindadas de los intereses de la burocracia, capaces de combinar la protesta social con los actos de gobierno de aquellas partes del estado que aun mantienen su autonomía: las gobernaciones y alcaldías regidas por aquellos que se deslinden de la burocracia. Otro tanto puede y debe ocurrir en la Asamblea Nacional.
Cuando las autonomías se agreguen en una mayoría solidaria en red, cuando política institucional y política social se articulen se podrá hablar legítimamente de paz, sobre la base de una agenda y no solamente para las cámaras. Se podrá construir la paz.
Quizás sí está llegando la hora del deslinde y de la unión, la hora en que los bandos se cierran por un futuro común. El lado correcto de la historia no es el de un bando sino el nuestro, el de todos nosotros.


Los estudiantes son nuevamente la vanguardia de los cambios, haciendo presión sobre la historia. Por estos días todos debemos ser un poco estudiantes, respetuosos del deseo que encarnan y solidarios con su causa que es la nuestra: la del futuro, que en hora de sombras no se ve y que hay que inventar para que desde nuestras mentes sea capaz de iluminarnos. Foto de Laureano Márquez, (@laureanomar)

viernes, 14 de febrero de 2014

Fascismo de clóset


 
QUIENES ESTUDIAMOS en la Universidad Central de Venezuela en los 90, seguramente la habremos visto, negros cabellos largos, rasgos indígenas, infatigables bluejeans y blusa blanca, en alguna de las escenas cotidianas del campus; prodigándole ternuras a los perros realengos, o en algún concierto en el Aula Magna, o escuchando a los cuentacuentos hilar historias, o colada como escucha en alguna clase de la escuela de letras. Algunos incluso capaz y cruzamos algunas palabras con ella y con suerte recibimos la flor de una sonrisa, escasa y valiosa como generoso de insultos podía ser su delirio, lleno de persecuciones y sombras que denunciaba a gritos, a veces hasta el desmayo: “¡fachos!, ¡fachos todos!”
Esa era Clara Daza, la loca Clara. Su recuerdo se me ha vuelto nítido en estos días, cuando tirios y troyanos se acusan de ser fascistas. Un historiador amigo mío hacía, hace poco, público regaño por el uso y abuso que las partes hacen del término, convirtiéndolo en insulto político, diciendo, palabras más, palabras menos, que 1) dedicarlo como insulto general (por repetido) logra que uno deje de saber la diferencia entre lo que es y lo que no es (“es bien probable que una calificación que sirve para tanto no sirva para nada”); y 2) que antes que fascismo, como cosa propia de los venezolanos está “la vocación de arrodillarse ante el mandón”.  Y he aquí el problema: según sea la definición que manejemos, en Venezuela hay trazas más o menos recurrentes de pensamiento fascista, tanto en la política como en otros órdenes de la vida nacional, o por el contrario, no lo ha habido nunca, ni siquiera en este presente tan ominoso que tenemos.
Si entendemos al fascismo solo como la ideología mussoliniana, no lucirán fascistoides los populismos de diverso signo, pero si manejamos la definición que Umberto Eco expone en el Ur Fascismo que “el fascismo era un totalitarismo difuso (…) el término fascismo se adapta a todo porque es posible eliminar de un régimen fascista uno o más aspectos, y siempre podremos reconocerlo como fascista”; y anotamos los rasgos de éste que el semiólogo italiano identifica: culto a la tradición, rechazo del modernismo, culto de la acción por la acción, rechazo del pensamiento crítico, miedo a la diferencia, Llamamiento a las clases medias frustradas, Nacionalismo y xenofobia; obsesión por el complot; envidia y miedo al “enemigo”; principio de guerra permanente, antipacifismo; elitismo, desprecio por los débiles; heroísmo, culto a la muerte; transferencia de la voluntad de poder a cuestiones sexuales; machismo, odio al sexo no conformista; transferencia del sexo al juego de las armas; oposición a los podridos gobiernos parlamentarios;  neolengua… Pues, posiblemente los populismos, los burocratismos arcaizantes, los nacionalismos de diverso cuño (incluidos los socialismos nacionales),  los comunalismos de base puritana, los despotismos ilustrados, las tecnocracias, las democracias delegativas, los monopolios institucionales, tengan más que un tufo de fascismo.
Y si entendemos al fascismo solo como un orden político, no veremos que, mutado como un gen social, como una escala de valores y como una lógica con la cual construimos nuestra relación con el otro, existe un fascismo social producido por tanta democracia instrumental, al que Boaventura de Sousa Santos describe como uno que “en lugar de sacrificar la democracia a las exigencias del capitalismo, trivializa la democracia hasta el punto que ya resulta innecesario, ni siquiera conveniente, sacrificar la democracia a fin de promocionar el capitalismo. Se trata de un tipo de fascismo pluralista producido por la sociedad en lugar del Estado. El Estado es aquí un testigo complaciente, cuando no un culpable activo. Estamos entrando en un período en el que los Estados democráticos coexisten con las sociedades fascistas. Es por tanto un fascismo que nunca había existido.” Y pese a la novedad, Boaventura identifica cuatro tipos de este tipo de fascismo: apartheid social; fascismo contractual que “se da en las situaciones en las que la discrepancia de poder entre las partes en el contrato civil es tal que la parte más débil, presentada como más vulnerable por no tener ninguna alternativa, acepta las condiciones impuestas por la parte más fuerte, por muy costosas y despóticas que sean”; el fascismo de la inseguridad, que “consiste en la manipulación discrecional del sentido de la inseguridad de las personas y grupos sociales vulnerables debido a la precariedad del trabajo o a causa de accidentes o eventos desestabilizadores. Esto desemboca en ansiedad crónica e incertidumbre frente al presente y el futuro para gran número de personas, quienes de esta manera reducen radicalmente sus expectativas y se muestren dispuestos a soportar enormes cargas para conseguir reducciones mínimos de riesgo e inseguridad”; y el fascismo financiero que es “el que controla los mercados financieros y su economía de casino. Es el más pluralista en el sentido que los flujos de capital son el resultado de las decisiones de inversores individuales o institucionales esparcidos por todo el mundo y que no tienen nada en común salvo el deseo de maximizar sus activos. Precisamente porque es el más pluralista, es también la clase de fascismo más cruel, puesto que su espacio - tiempo es el más adverso a cualquier clase de intervención y deliberación democrático. La crueldad del fascismo financiero consiste en que se ha convertido en el modelo y el criterio operativo de las instituciones de regulación global: las agencias de calificación, el FMI, los bancos centrales”.
Si es posible que haya fascismo político aceptado por las democracias de todo el orbe, ello son malas noticias para la democracia; peor aún si es posible que haya sociedades fascistas, pues son pésimas para la noción moderna de humanidad. Lo que nos va señalando dos cosas. 1) Que en nuestra sociedad y en nuestro proyecto nacional, ha habido más fascismo del que reconocemos y 2) nuestro caso es un espejo donde otros países deberían verse y si no lo hacen, es posible que no lo puedan porque no hemos contado bien nuestro relato, porque hemos hecho abstracción de que las racionalidades asumidas tienen rasgos
comunes allende o aquende los países y hemos vuelto la lectura de nuestro conflicto político algo técnico que se explica con razones reductivas, pero que no se comprende como herencia entre generaciones, porque no sabemos, o no conviene que lo sepamos.
Mañana marcha el oficialismo convocado contra el fascismo, como si el único fascismo posible es el que ellos dicen que existe: el de una hipotética derecha que -ellos señalan- es la del capital. Y decimos hipotética porque la auténtica derecha de este país, la que tiene poder de fuego y capital es la denominada derecha endógena, que ellos cargan como contrabando, en el ala militar del proceso;  que se nutrió del nasserismo y de otros nacionalismos desarrollistas y comparte con el bando castrista del proceso intereses y objetivos. Ya desde 1994 (¡hace veinte años!) se veía como iba a ser la cosa y así lo escribí para el periódico El Capital,texto que ahora comparto.
No puedo, sin embargo, dejar de reconocer que mucho del sentimiento que anima las protestas opositoras en estos días, se ancla en los “valores” de común intercambio en el fascismo social que hemos gestado no como sociedad, sino como una vasta agregación de anomias. Y me aterra la visión de encontrar tanta banalización del mal que pide soluciones rápidas, que hace apelaciones al voluntarismo y que está más dispuesta a construir épicas con la sangre de un bando que solidaridades con las necesidades de toda la gente.
Los muchachos tienen, nuevamente, la razón histórica de su lado, pero es hora de hacer mucho más que arriesgar el pellejo. Hay que abrir las solidaridades con todos. Con los trabajadores que reclaman respeto a su derecho a construir hogares, a sacar adelante a sus familias y a construir un futuro para sus comunidades, con el trabajo que los fascistas en el gobierno ponen cada día más en riesgo. Con las madres que día tras día, cada vez más, reclaman  a los fascistas del gobierno la doble moral de llamar a los malandros (buenandros, llego a decir aquél) “compañeros” y de emplearlos como comisarios políticos que ejercen terrorismo de estado. Con los empleados públicos a los que no les quedó otra alternativa que emplearse en la administración pública y tener que enfundarse la camisa roja, tener que marchar y votar a juro, para poder mantener sus hogares. Con todos aquellos que se fueron quedando por fuera del sistema escolar y ya no creen que con la educación se pueda ser alguien en la vida. Con todos ellos y con muchos más, hay que construir la solidaridad, acompañarlos en la calle y en sus comunidades, para cerrar las brechas impuestas desde nuestro fascismo de clóset, para disolver de la memoria del aire las palabras del delirio de Clara. 
La foto no pasa de ser una coincidencia en gestos, pero en el blog de dondee la tomé prestada hay una reflexión pertinente: http://poliocio.blogspot.com/2013/03/es-el-chavismo-un-fascismo-encubierto.html